Hablemos, o mejor dicho, escribámonos. Conversemos por todo el tiempo que nos permita la vida de hoy.
No te voy a juzgar, no es mi derecho hacerlo, porque cada uno es responsable de sus actos y en ultimas es quien debe vivir con las consecuencias.
Yo también he tenido mi parte de fracasos, he emprendido cosas que luego me resultaron poco gratas. Me he forzado en muchas ocasiones para seguir con lo que los demás esperan de mi, dejando de lado las cosas que realmente me llenaban y hacían de mi vida algo maravilloso.
Las caídas eran duras, porque tenia la certeza de ser una persona inteligente y con la capacidad de llevar a cabo cualquier cosa que me propusiera, y cuando me encontraba con algo frente a lo cual no quería hacer nada me quedaba fría. El no sentir amor por lo que se hace, la sensación de estar dejando de lado algo que si me llenaría la vida me perseguía.
Continuos reproches llegaban, y no solo de mí. Mi vida empezó a perder sentido, no era lo que yo quería, no había llegado a ser lo que yo esperaba. No tenia razón para levantarme al día siguiente, porque sencillamente no le veía solución a nada, no quería tampoco hacer nada al respecto.
Sentía que trataba de una perdida, realmente me había perdido a mi misma, y estaba sufriendo por ello. Por eso, así como no tenia deseos de levantarme de la cama, tampoco tenia deseos de dormir, no podía, era como si al no dormir evitara la llegada de un nuevo día.
El frío era una compañía constante, no importaba cuando calor hacia, yo siempre estaba helada. Pero era un frió aterrador porque venia de mi, iba conmigo a todas partes. Una sensación de la que no podía librarme y que en algunos momentos me adormecía.
En algún momento estaba tan decepcionada de mi misma que llegue a pensar en sencillamente apagarme. Pero no pude hacerlo, eso me daba aun más miedo, una explicación racional era que la educación religiosa, inculcada por mi familia, me evitaba atentar contra mi. En el fondo pensaba que yo no tenia derecho a poner fin a una vida que me habían regalado, un obsequio que no pedí, y que tampoco me pertenecía. Por eso, cada noche, pedía perdón por el solo hecho de pensar en esto.
En algún momento, cansada de ver que todo lo que emprendía resultaba un fracaso, algo en mi se movió. Yo creo que existe un Dios, eso me lo ha reivindicado mi experiencia de vida, pero no voy a entrar en este momento de mi vida porque se que cada uno tiene sus propias creencias y experiencias. A mi vía llegaron personas que con solo una palabra me hicieron enfrentar al origen de mi tristeza, fue duro, pero necesario. Puse en palabras mis miedos, se los conté a ellos, ellos me escucharon, así fue como hable con personas de carne y hueso, dando voz a lo que me atormentaba, de alguna manera lo había hecho antes llorando y reprochándome, lo hice.
No voy a decir que las cosas mejoraron sustancialmente, pero aprendí a tener en cuenta que el tiempo de cada uno es diferente, las experiencias de vida no son las mismas. Aun hay momentos en los que no me simpatizo mucho, momentos en los que miro a tras y me pregunto que seria de mí de haber escuchado mas lo que yo quería, pero esos momentos pasan, ya no me atormentan.
seguiré tropezándome, esa es una realidad, pero también se que me levantaré, porque vivir, estar viva, me da esa posibilidad.
Ese es un poquito de mis vivencias, escuchare a quien quiera poner aquí sus palabras, no lo juzgaré, porque solo quiero que se desahoguen, solo quiero que pongan sus miedos en palabras, porque ese es el primer paso.
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